“Entre Navarra y Madrid ha funcionado un equlibrio de intereses innoble disfrazado de pacto entre iguales”

Aquí puedes leer la traducción al castellano de la entrevista a Iván Giménez, autor de El Corralito Foral, que el periodista Beñat Zaldua ha publicado en La Directa, uno de los medios de comunicación alternativos con más difusión en Catalunya. La entrevista anuncia la presentación de El Corralito Foral que tendrá lugar este viernes, 15 de enero, en la Euskal Etxea de Barcelona (20 h).

“Entre Navarra y Madrid ha funcionado un equilibrio de intereses innoble disfrazado de pacto entre iguales”

Directa

 

-¿En Navarra también mandan 400 familias y son siempre las mismas?

Desde luego no son tantas, y casi todas salen en El Corralito Foral: Arraiza, Sagüés, Baleztena, Huarte, Uranga, Zarranz, Ruiz de Alda… Este control de las élites no es exclusivo de Navarra o de Catalunya, ni mucho menos. Por eso, es urgente hacer este tipo de trabajos en todos los sitios, con conocimiento local y de primera mano. De hecho, lo que más me sorprende cuando me para algún lector por la calle es eso de “ya era hora de que alguien contara lo que todos sabemos”. En el fondo, el corralito foral (o el de cualquier otro sitio) no es más que el invento de los jefes de nuestros padres para que sus hijos sigan siendo los jefes de nuestros hijos. Es decir, que el dinero siga en los mismos bolsillos. Una definición un poco enrevesada, pero muy exacta. Y no es mía, me la ha regalado un lector.

-¿Cuál es la importancia de señalar con nombres y a apellidos a las élites?

Es fundamental, pero a la vez tiene sus riesgos. Seguramente por eso casi nadie lo hace. La primera muralla que hay que derribar es la del prestigio, la inmunidad social, desvelar qué hay detrás de todos esos apellidos. De momento, ahí siguen, impunes, disfrutando de sus herencias con un halo de personas respetables que están en la cúspide de la pirámide por sus propios méritos. Y eso no es así, pero hay que contarlo.

-En el ‘Corralito Foral’ buceas en la genealogía del poder en Navarra. ¿Qué te encuentras? ¿De dónde vienen las fortunas y la influencia?

Navarra era una especie de Arcadia feliz incontaminada, rural y sumisa, controlada por terratenientes carlistas y curas trabucaires hasta la Guerra Civil. Aprovechando el conflicto, las elites se dedicaron a limpiar el terreno de revoltosos, a expoliar empresas y tierras, y a sembrar un terror que ha durado décadas. Luego en los años 60, se dieron cuenta de que lo que iba a dar dinero de verdad era la industria, y con la herramienta fiscal y administrativa de la Diputación foral se autoconcedieron todas las subvenciones que quisieron en aquel Plan de Promoción Industrial cuyo vértice ocupó el grupo Huarte.

Y finalmente, en los años 80 y 90, con la asunción de competencias y la multiplicación del presupuesto foral, saltaron de lo privado a lo público, tras vender toda la industria a las multinacionales dejando a sus hijos como gerentes. Con acertado criterio, pensaron: ¿Para qué voy a arriesgar mi dinero si tengo tan a mano el de los demás?

-¿Cómo fue la Guerra Civil en Navarra? Porque lo que se dice guerra, guerra…

Otros, como Fernando Mikelarena o el colectivo Altafaylla, han explicado mucho mejor que yo cómo fue aquello. Más de 3.500 asesinados por el bando franquista (requetés, Falange…) a los que parece que no mató nadie, porque los verdugos han conservado la máxima impunidad. Es como aquel chiste de Gila, una guerra en la que alguien ha matado a alguien, así, en impersonal. Ya lo confesó Garcilaso, el director de Diario de Navarra en el 36 (y hasta 1962): “Yo podría contar muchas cosas, pero para qué… Aquél hizo tal cosa, pero su hijo es una buena persona”. Y así hasta hoy.

-¿Cómo se blanquean estas estructuras de poder durante la transición?

Hay algo muy preocupante y que no hemos sabido ver todavía en toda su profundidad: la tremenda capacidad de adaptación de las elites navarras a cada coyuntura histórica. Cuando había que ser tradicionalista y carlista, lo fueron. Luego vino el desarrollismo industrial y cierto liberalismo económico (que en realidad era un capitalismo foral, dependiente de la ubre de la Diputación), y con la transición se convierten en demócratas de toda la vida. Y mientras tanto, riéndonos porque el presidente toca la guitarra y canta jotas, Navarra siempre p’alante, y aquello de la espada de Demóstenes… Muy bien, somos muy listos, pero eran ellos los que se reían de nosotros. Supieron tomar la iniciativa para transformar la excepción foral en su coartada para seguir controlando Navarra, y muchos todavía no se han enterado…

-Calificas estas estructuras de poder de «ecosistema al servicio del capital». ¿Por qué?

Lo propio de un ecosistema es que se retroalimenta continuamente en un circuito cerrado, y se convierte en algo sostenible en el tiempo para la supervivencia de sus integrantes. Un círculo perfecto, impenetrable. Pero siempre a favor de las elites económicas. Además, en los últimos 30 años consiguieron cooptar a colectivos y ciudadanos que en principio eran ajenos, pero que con el tiempo se han convertido en esas redes clientelares que comunican la cúspide de la pirámide, donde está la elite, con esa gran base que toda pirámide necesita para mantenerse en pie. Han conseguido ensanchar la base social del corralito con un trabajo de orfebres, para atraer al PSOE, CCOO, UGT, las organizaciones agrícolas, toda una serie de entidades intermedias (consumidores, comercio, medios de comunicación, etc), quizá con la única excepción de las peñas sanfermineras…

-¿Qué importancia ha tenido este corralito foral en la perpetuación en Nafarroa de un régimen regionalista ligado a Madrid?

Como dice Goio Monreal, desde siempre la política en Navarra ha mantenido la ecuación “un partido aquí y todo el apoyo en Madrid”. Ha funcionado un equilibrio de intereses de lo más innoble, que históricamente han disfrazado de pacto entre iguales. En resumen, la elite navarra solicita apoyo y cobertura a Madrid cada vez que tiene problemas, y a cambio garantiza lealtad y cohesión a España, como tapón para cualquier veleidad soberanista. La fórmula podría ser: “Tú, Estado, haz como que negocias, y yo, Navarra, hago como que decido”. Y así vamos tirando, en una ficción que acaba convirtiéndose en real. El pacto es mítico, pero acaba teniendo consecuencias bien reales, siempre en beneficio de unos pocos. Es un milagro político, pero bien terrenal. Eso sí, el Opus lleva 50 años detrás del decorado.

-Desde mayo gobiernan en Nafarroa las fuerzas del cambio. No es poco el trabajo que hay para desmontar este corralito… ¿Cómo ves al nuevo Gobierno?

La cosa no es fácil, desde luego, y todo no se puede hacer en un día, pero hay que tener algunas cosas claras y no titubear. La gente ha votado para cambiar las cosas. Ése es el verdadero mandato, reforzado en las generales de diciembre. Al fin y al cabo, hacer política es molestar a alguien. No se puede gobernar para todo el mundo, ni ser la presidenta de todos los navarros. Quizá eso es lo que hay que decir, no lo sé. Pero eso es imposible. Cada decisión que toma un gobierno va en beneficio de alguien y perjudica a otros. Sin remedio. Eso es la política.

Para derribar las estructuras que generan la desigualdad social, hay que molestar a los poderosos de verdad. La política es un choque de intereses, una sucesión interminable de conflictos que se van resolviendo según la correlación de fuerzas de cada momento…

Quien quiera ser presidenta o alcalde de todos buscando el consenso entre intereses contrapuestos (siempre con la precaución de no molestar demasiado a nadie), acabará siendo la presidenta o el alcalde de los de siempre, y en muchos casos sin darse cuenta siquiera…

-Y sobre todo, ¿como ves a estas élites, por primera vez fuera del poder institucional?

Todos vemos que hay nerviosismo, y todavía están bajo el efecto de cierto shock. Y eso hay que aprovecharlo, antes de que se levanten de la lona. Pero el KO no se va a producir y la pelea no va a terminar nunca. Lo que no va a funcionar es contemporizar o intentar atraer desde el nuevo Gobierno a quien estaba mejor con el anterior, porque a la mínima te van a traicionar para que vuelvan los de siempre. Y de lo que se trata es de que no vuelvan.

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